ENSAYO
Haciendo un análisis profundo de los acontecimientos de los últimos tiempos, es innegable que estamos pasando por una era de cambios. Y no me refiero precisamente a nivel nacional, sino mundial. Cambios económicos, sociales, políticos y ambientales que probablemente van a resultar en un mundo diferente al que conocemos en la actualidad. Las generaciones de hoy tenemos una gran responsabilidad frente a esto, ya que como en toda situación cambiante, existirán riesgos y también oportunidades. Dentro de este contexto, Ecuador es un país con excelentes posibilidades. Hacer bien las cosas significa el bienestar futuro de nuestro pueblo. En estos momentos, es fundamental abrir un diálogo verdadero entre todos los sectores de la Patria para, finalmente, alcanzar un desarrollo sustentable buscando del bien común de los ecuatorianos. Es por esto, que me atrevo a plantear algunas ideas, con el fin de iniciar un debate sincero e incluyente que tanto necesitamos en el país.
Ecuador es un país que ha sido bendecido por la naturaleza. Su diversidad geográfica y cultural es tan magnífica, que atrae a gente de todo el mundo. Una de las cosas destacables de la Constitución de Montecristi es la importancia que se le da a la Pachamama. Digo esto con sinceridad; soy un amante de la naturaleza. La disfruto semanalmente, y creo que es una obligación con nuestras futuras generaciones protegerla y defenderla. Además, el atractivo turístico de esta diversidad es inmenso, y el turismo es trabajo. Mucho trabajo. Hoteles, restaurantes, operadoras y atracciones turísticas, en fin; esta industria de servicios crearía miles de oportunidades de trabajo e inversión. El estado debe promover emprendimientos en este sector, asegurándose de establecer políticas de respeto al medio ambiente, su principal activo.
Ecuador es un país fértil. Su diversidad y potencial agropecuario son impresionantes. Además, todo indica que la demanda mundial de alimentos va a seguir creciendo, prácticamente de manera exponencial. Es por esto, y por nuestra propia seguridad alimentaria, que el estado debe promover este sector activamente. Antes que pensar si es necesario más reparto de tierras, debemos preguntarnos si existen las herramientas suficientes para que estas sean trabajadas adecuadamente. Tenemos que pensar en la industrialización de esos productos agrícolas, agregando valor en toda la cadena lo que significa más inversión y empleo. Y finalmente, tenemos que posicionar nuestros productos en los mercados externos. En este último punto, es importante abrir nuevos mercados, pero aún más, es mantenerse y crecer en los mercados actuales. Por otro lado, la agricultura es un negocio noble y de mucho riesgo. Lo peor que se le puede hacer al agricultor es que el estado controle aspectos comerciales de este negocio como precios o barreras a la exportación. Suficientes imprevistos tienen los agricultores respecto al clima, pestes y plagas, como para preocuparse de barreras comerciales, o peor aún, amenazas a la propiedad de sus tierras.
Estoy convencido que tanto la agricultura, como el turismo, deben ser los principales ejes de desarrollo en nuestro futuro a largo plazo. Sin embargo, para desarrollar el turismo y la agricultura se necesita una adecuada inversión estatal, principalmente en infraestructura y educación. Hay que reconocer que este gobierno ha hecho bastante en estos aspectos, con seguridad mucho más que sus antecesores. Es un error el haber aumentado el tamaño del estado y por ende el gasto corriente, sin embargo gran parte del presupuesto general ha sido invertido en infraestructura. Personalmente he constatando la inmensa obra vial emprendida por este gobierno y que, notablemente, no se ha paralizado aún. Igualmente, cualquier iniciativa para mejorar la educación en el país es imprescindible y será apoyada por la mayoría ciudadana. Se ha dado un paso importante con la evaluación y capacitación a los maestros, lo cual es absolutamente necesario. También ha existido mayor inversión en infraestructura educativa. Ojalá el gobierno tenga éxito en este proceso hacia una educación despolitizada, eficiente y libre de cualquier adoctrinamiento. Además de estos rubros, hay que destacar que también se ha realizado fuertes inversiones en vivienda, salud, infraestructura para prevención de inundaciones, entre otras. No podemos estar en contra de cualquier inversión estatal que mejore las perspectivas de crecimiento del país, y que beneficie a los más pobres, mejorando así sus oportunidades para alcanzar una buena vida. En este sentido, hay que estar conscientes que todavía falta mucha inversión por hacer.
Es cierto que la caída del precio del petróleo ha disminuido la capacidad de inversión del gobierno. De todas maneras, se espera que se mantenga en niveles actuales, los cuales no son malos bajo ninguna óptica. Existe la posibilidad de que a mediano plazo los precios colapsen nuevamente ya que fundamentalmente las razones para una recuperación económica mundial, son débiles. Pero en algún momento va a haber una recuperación, y cuando esto suceda es probable que el precio aumente considerablemente respecto de estos niveles ya que no ha habido suficiente inversión en el sector. En fin, nadie puede predecir exactamente estas cosas, pero el gobierno debería ser más paciente antes de meter las manos en los bolsillos de los empresarios y profesionales ecuatorianos, vía más impuestos. Aquí quiero puntualizar algo; aunque detesto las generalizaciones, algo de razón ha tenido el gobierno en desacreditar a los empresarios. Y es que en temas como haber permitido la existencia de una partidocracia corrupta, como en responsabilidad tributaria, se ha fallado tremendamente. Hace un par de años leí en un diario que el 55% de las empresas no declaraban utilidades. Mi primer pensamiento fue: ¿acaso vivimos en un país de quebrados? El segundo: ¿del 45% restante, cuántas empresas declararán lo correcto? En este sentido, hay que aceptar que la Ley Tributaria aprobada por la Constituyente de Montecristi, aunque con algunos errores, eliminó gran parte de la evasión y los resultados están a la vista con el aumento de recaudación. Es difícil imaginar que a alguien le guste pagar impuestos. Quizás es menos molestoso en algunas sociedades donde se reciben servicios adecuados a cambio. Pero el pago de impuestos no deja de ser, literalmente, una imposición. Sin embargo, la ley es la ley y está para cumplirla por todos. Los norteamericanos tienen un dicho que viene a colación: no hay nada más seguro que la muerte y los impuestos. Imaginemos por un instante si en el Ecuador hubiera mejor costumbre tributaria. Primero, habría más recursos para, idealmente, los más necesitados. También se pudiera desarrollar más fácilmente el mercado de valores (una buena alternativa al crédito bancario), ya que para invertir hay que conocer la realidad de las empresas de manera transparente. Otra ventaja, y la que más me gusta, es que gran parte de los impuestos que pagan las empresas ecuatorianas, van directamente a los empleados vía repartición de utilidades. Esto tiene beneficios multiplicadores e inmediatos que van a la vena de la economía. Cuando un trabajador entiende que va a tener un ingreso por la utilidad del negocio, cuida más su puesto de trabajo. Es más, a la larga empiezan a salir, de los mismos trabajadores, ideas de cómo hacer más eficiente y rentable la operación. Además, que mejor para un empresario poder dar parte de los impuestos a sus colaboradores, quienes día a día se sacrifican por la empresa.
Quiero ser enfático en que no todos los empresarios son evasores, y por eso mi repulsión a generalizar. En realidad, en Ecuador hay muchos emprendedores que construyen negocios exitosos desde el piso, cumpliendo con las leyes a cabalidad. Es más, para esos empresarios una sensata regulación estatal es apreciada. Por ejemplo, para los pagadores de impuestos, competir con evasores es desleal y dañino para sus negocios. En este sentido, reitero, el gobierno ha hecho una buena gestión en disminuir la evasión. Entonces, en vez de seguir apretando al emprendedor, al trabajador, al profesional, al ciudadano responsable en general, con más impuestos para financiar la inversión, ¿por qué no seguimos controlando a los evasores y así aumentar la masa tributaria? El tema es simple, a mayor carga tributaria, que de por sí ya es fuerte, mayor el incentivo para evadir. Además, si queremos que el Ecuador salga adelante, necesariamente debemos mejorar la competitividad empresarial. Impuestos muy elevados ahuyentan la inversión, y en algunos casos, la hacen imposible. Específicamente, el impuesto a la salida de capitales o la intención de gravar los dividendos son equivocaciones que causan serios perjuicios a los empresarios. Si las condiciones son favorables para la inversión, los capitales van a venir al país y las utilidades del negocio, en caso de ser necesario, serán reinvertidas en el mismo o se usarán para nuevas inversiones. Debemos tener mucho cuidado y balance en el tema de impuestos, caso contrario se mata al emprendimiento, lo cual es un mal irreversible.
Ecuador es un país inminentemente rico. La inversión estatal actual debe provenir en mayor parte de los recursos naturales. El potencial petrolero y minero puede generar suficientes ingresos para invertir en áreas como salud y educación beneficiando a los pobres de la Patria. Es cuestión de tiempo hasta que se encuentren fuentes de energía alternas, por lo que desaprovechar la explotación de todo el potencial petrolero del país es un desacierto. Más aún, y a más largo plazo, se estima que los precios de los metales, en especial el oro y cobre, aumenten considerablemente. Con los niveles de pobreza en nuestro país, desaprovechar estas riquezas que nos ha dado la naturaleza, es simplemente inaudito. Y es que precisamente los avances tecnológicos de hoy hacen posible que la explotación de recursos petroleros y mineros se pueda realizar con un mínimo impacto ambiental. Lo cual, junto a condiciones económicas justas para el país, deben ser la base de las inversiones en estos sectores. Es fundamental encontrar un balance entre la explotación de recursos naturales y el cuidado al medio ambiente. Pero no podemos esperar, o mejor dicho, perder más tiempo, en la explotación de estos recursos.
Por otro lado, para que el turismo, la agricultura y en general cualquier actividad económica así como la calidad de vida de los ecuatorianos se desarrolle, es necesario que exista mayor seguridad ciudadana. Para esto, es necesario un cambio profundo en el sistema judicial, el cual sin lugar a duda ha sido manejado burdamente por la politiquería. Una sociedad sin estado de derecho ni justicia independiente, simplemente no puede progresar. Del mismo modo, la delincuencia es un grave riesgo para nuestro desarrollo. Este es un tema complejo, ya que muchas veces esa delincuencia es fruto de ese mismo subdesarrollo, pero también hay otros factores. Es indudable que el problema de la narcoguerrilla colombiana se ha transmitido a nuestro país, caso contrario no hubiese ocurrido el condenable ataque colombiano en nuestro territorio. Estoy dispuesto a darle el beneficio de la duda al gobierno respecto a las supuestas conexiones con las FARC, pero el mismo debe urgente y definitivamente depurarse de figuras cuyos nexos son evidentes. Adicionalmente, es necesario restablecer la comunicación con el gobierno colombiano para buscar una solución definitiva a un problema, que queramos o no, ahora también es nuestro. Las diferencias personales deben quedar atrás frente al bien común de nuestros pueblos hermanos. De nada va a servir cualquier inversión en seguridad, si es que gratuitamente importamos delincuentes que causan mucho dolor en familias ecuatorianas.
Vale la pena hacer un comentario acerca nuestro sistema financiero y monetario. El Ecuador tiene, en general, bancos sólidos. A diferencia de otros países, aquí no ha existido una crisis hipotecaria, ya que los préstamos otorgados han sido dados con adecuadas entradas y valorizaciones reales. En realidad nosotros ya vivimos y, aparentemente, aprendimos de la crisis financiara del 99, que nos costó hasta la moneda. Sin embargo, esa inevitable dolarización (digo inevitable porque de no haberse dado probablemente hayamos terminado como Zimbawe), que al inicio causó mucho dolor al pueblo, ha permitido que exista una relativa estabilidad para las empresas. Esto las ha hecho crecer y crear fuentes de trabajo mejorando el ingreso de los ecuatorianos. Y lo más importante: los ciudadanos hemos podido mantener el valor de esos ingresos. Es una lástima que no hayamos aprovechado mejor la dolarización y la solidez de nuestro sistema financiero. Esta tiene atractivos para la inversión muy importantes, ya que una estabilidad monetaria junto a una banca capitalizada hace mucho más fácil cualquier negocio. Es más, en el caso de empresas transnacionales, ¿qué mejor que manejarse en dólares? Si hubiéramos potencializado esto, creando condiciones favorables para invertir, probablemente hoy tuviéramos un sinnúmero de industrias exportando a distintos países de la región. En vez, tenemos lo contrario y hoy en día importamos muchos más productos que antes producíamos localmente. Dentro del contexto de depresión mundial actual, esto ha causado problemas a las finanzas públicas, por lo que hasta cierto punto, es comprensible que el gobierno haya restringido las importaciones frente a la falta de dólares. Una decisión que ha perjudicado mucho al sector empresarial pero que fue en beneficio de mantener la dolarización. Esperemos que en cuanto se estabilice esta situación, lo cual puede suceder a mediano plazo con una inminente devaluación del dólar, inmediatamente se empiecen a liberar las importaciones antes de que se termine de asfixiar a un gran número de emprendedores comerciantes que están sacrificándose por el país. En todo caso, hay que destacar la decisión del gobierno de mantener la dolarización. Es probable que eventualmente nos convenga ir a una moneda regional que involucre necesariamente a Brasil, Chile, Colombia y Perú, entre otros. Pero por el momento, el dólar es la única opción.
Ecuador es un país de emprendedores. Nuestro recurso humano es lo más preciado que tenemos. Lastimosamente, debido a la falta de empleo, hemos perdido a millones compatriotas que han tenido que marcharse a distintos países en busca de mejores oportunidades. Es imposible negar que el relativo progreso económico de los últimos años se debe en parte a su gran sacrificio, por lo cual debemos estar eternamente agradecidos. Por esto, es indispensable terminar esta especie de divorcio entre el gobierno y el sector privado, inherente creador de trabajo. De un lado, la libre empresa debe ser responsable con sus obligaciones laborales, ambientales y tributarias. Es más, hoy en día cualquier negocio sin estos preceptos, es inviable. Del otro lado, el gobierno debe entender que un desarrollo duradero no tiene vía sin el sector privado y su rol de regulador no debe obstaculizar o ahuyentar el emprendimiento.
Finalmente, el Ecuador es un país pacífico. Es una característica de nuestro pueblo, y en ese sentido, necesitamos paz. Hay que condenar con toda firmeza cualquier actitud que nos divida, que genere resentimiento y odio entre nosotros. Aunque siempre con los pies en la tierra, soy inminentemente un optimista y estoy seguro que con cierta estabilidad política, con un dialogo abierto, franco y respetuoso entre hermanos ecuatorianos, dejando de lado extremismos y posturas que favorezcan los intereses de minorías, o mayorías que desestimen posiciones de grupos minoritarios, vamos a poder explotar estas oportunidades de progreso que se están presentando en estos tiempos de cambio. Aprovechando un nuevo inicio de periodo de funciones, en el año del Bicentenario del 10 de Agosto, evento histórico de nuestro país que resalta los principios de libertad, hay que reflexionar y debatir ideas que nos permita convertirnos en una sociedad libre y democrática, donde los ciudadanos tengamos igualdad de oportunidades para progresar, desarrollarnos y finalmente obtener el buen vivir que contempla nuestra Constitución. Es el momento de construir puentes, no crear abismos. Es el momento de un Pacto Nacional.
Guayaquil, 27 de Julio de 2009
benjamin.rosales@gmail.com